José Sousa Saramago: la voz del iberismo portugués que nos previno de la ceguera de nuestro tiempo.
Se fue de este mundo fuera de su Península, en Lanzarote tras 87 años de intensidad vital, humanística y literaria.
Su trayectoria nos deja muchas secuencias: su activismo político, su cercanía a los lectores y a los problemas de la sociedad...
una buena parte de ellas se concentra, no obstante, en los últimos doce años, desde que recibió el Premio Nobel que terminó por
universalizar, no sólo su obra, sino la literatura en portugués.
Esculturas de palabras
«La vida es así, está llena de palabras que no valen la pena, o que valieron y ya no valen.
Cada una de las que vamos diciendo le quitará el lugar a otra más merecedora, que lo sería no tanto por sí misma,
sino por las consecuencias de haberla dicho».
«Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran».
«No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante.
Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia.
En ningún momento de la Historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que
los seres humanos se acerquen los unos a los otros.
Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar.
No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona».
«Estoy comprometido, o sea, vivo, en un mundo que es un desastre.
Mi empeño es no separar al escritor de la persona que soy.
Me esfuerzo, en la medida de mis posibilidades, en tratar de entender y explicar el mundo».
«Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir».
«Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura.
Se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río.
Si están allí es para que podamos llegar al otro margen, el otro margen es lo que importa».
«Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay».
«El nombre no es más que una especie de muro no voluntario que impide saber quién es el otro.
Los nombres que tenemos son cada vez menos importantes, lo que hoy cuenta verdaderamente es el número de la tarjeta de crédito.
Todo lo que tú hagas y sientas hoy se puede deducir de un número; te define».
«Los escritores viven de la infelicidad del mundo.
En un mundo feliz, no sería escritor».
«La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva».
«He reflexionado sobre el hecho de que yo siga siendo comunista. Por supuesto que lo soy y no me imagino a mí mismo siendo algo distinto.
Pero me he dado cuenta de que tenía que añadir algo a ese 'yo soy comunista', y lo que estoy añadiendo es que soy un comunista libertario».
Su obra
1947 Tierra de pecado
1966 Poemas posibles
1970 Probablemente alegría
1971 De este mundo y del otro
1973 El equipaje del viajante
1974 Las opiniones que DL tuvo
1975 El año de 1993
1976 Apuntes
1977 Manual de pintura y caligrafía
1978 Casi un objeto
1979 La noche, teatro
1979 Poética dos cinco sentidos: o ouvido
1980 Alzado del suelo,
1980 ¿Qué haré con este libro?
1981 Viaje a Portugal
1982 Memorial del convento
1984 El año de la muerte de Ricardo Reis
1985 De este mundo y del otro
1986 La balsa de piedra
1987 La segunda muerte de Francisco de Asís
1989 Historia del cerco de Lisboa, en 1147
1991 El Evangelio según Jesucristo
1993 In nómine Dei
1995 Ensayo sobre la ceguera
1997 Cuadernos de Lanzarote (1993-1997)
1997 Todos los nombres,
1998 Cuento de la isla desconocida
2000 La caverna
2002 El hombre duplicado
2004 Ensayo sobre la lucidez
2005 Poesía completa
2005 Las intermitencias de la muerte
2006 Las pequeñas memorias
2008 El viaje del elefante
2009 Caín

